Aún recuerdo mi primer juego de Super Mario que venía acompañado del juego Duck Hunt, la Nintendo por aquel entonces era la clara dominadora de los juegos de videos. Mario ha sido, es y será un personaje íntegro. Pese a sus múltiples incursiones en toda clase de títulos, siempre ha estado ligada a la indudable calidad que nos garantiza su secreta fórmula de diversión.
Hablamos de un personaje que ha conseguido trascender a su medio. Un conjunto de pixeles que dió el salto a la pequeña y gran pantalla y que ha inundado el mercado con tal cantidad de merchandising que se tardarían varias vidas en poder coleccionar todos sus peluches, camisetas, figuras o caramelos.
Si te caes, vuelve a levantarte. Si te equivocas, busca el porqué y aprende de él. Mario ha sido sin duda la obra maestra de Shigeru Miyamoto. No sólo porque sus títulos sean de una calidad extraordinaria, sino porque ha conseguido transmitirnos (y seguirá haciéndolo por muchos años más) unos férreos valores que hoy todos los que lo jugamos aplicamos a nuestras vidas, cual fases de un videojuego en el que no hay opción de pause y el continue es permanente y automático..